La basura de un hombre es el tesoro de otro. Bordo Poniente, Ciudad de México

La civilización industrial moderna está enfrentándose a dos problemas principales en su proceso de producción linear: el agotamiento de los recursos y una generación excesiva de desechos. El problema en sí está llevando a una de las soluciones: cerrar el ciclo y reciclar, esto se ha hecho en ciertos grupos sociales para sobrevivir a través de aprovechar los desechos para su sustento de vida, y hemos visto muy poco hacia sus estructuras para se mucho más sustentables. A través de este artículo, se busca analizar el problema bajo la lupa de una perspectiva social y sugerir que la resilencia puede ser enseñada a través del entendimiento de cómo el desecho, la producción y los recursos están interrelacionados. Para tener un contexto, el ensayo se enfocará en el caso de los pepenadores, que a pesar de ser un sector económico informal su estructura de manejo de residuos es esencial para el reciclaje y la cadena de producción de la Ciudad de México, que queda menospreciado. También expondrá el caso del Bordo Poniente, en la Ciudad de México, que es el basurero más grande de todo Latinoamérica y uno de los más grandes del mundo.

 

Como Syedrup (2013) explica en uno de sus artículos, al crecer la población, crecen también tanto el consumo como la producción. Así, más desechos son generados llevando a una degradación ambiental y el agotamiento de recursos.

 

Se ha estudiado que el agotamiento de recursos es la principal causa del colapso de muchas civilizaciones antiguas. Por eso podemos estar de acuerdo con Conca y Dabelko que si la tasa de crecimiento de una población, producción de comida y agotamiento de recursos continua sin cambios, los limites de crecimiento de este planeta serán alcanzados para 2100 siguiendo un colapso de la civilización (2015); y eso no será el único de nuestros problemas, la generación de desechos será otro problema para nuestra civilización.

 

El promedio de producción de desechos en países en desarrollo es de 0.77 kg/persona/día, con una tasa de recuperación o de reciclaje de un 5 – 40% (Troschinetz, A. Et. al. 2015).

 

Una solución a este problema de generación de residuos sería un mejor manejo para reusar y reciclar, esto representaría una solución dual, así podríamos reducir significativamente la cantidad de desecho y prevenir la degradación ambiental. Adicionalmente, reciclar representa una forma de incrementar el ciclo de consumo de los materiales sin incrementar la extracción y el daño ecológico.

 

Una fuente futura de recursos es insostenible sin una disminución en la demanda y reciclado exhaustivo. (Svedrup et.al., 2013). El desecho es un recursos sin descubrir. Pero cuando los recursos comienzan a agotarse y los precios comienzan a subir, reciclar será nuestra única opción; por lo tanto es importante que los esfuerzos se concentren en desarrollar estrategias y tecnología para sobrevivir del desecho reciclándolo.

 

Pero qué pasa con la escasez, la basura de un hombre es el tesoro de otro. Como Castillo (2004) dijo “cuando la basura es depositada en el bote su valor es nulo, pero cuando se le aplica trabajo: colectándolo, transportándolo, almacenándolo, clasificcándolo, limpiandolo y reusándolo, entonces se transforma en un activo del cual la producción genera ingresos”.

 

En la Ciudad de México, dadas las ineficiencias e insuficiencias del manejo de los residuos municipales, un sector informal ha florecido alrededor de la basura. Pepenadores ganan dinero informalmente a través de la basura clasificando aquellas cosas que se pueden reciclar para después venderlas a agentes comerciales (Milke et. al. 1998) La Ciudad de México genera más de 12 000 toneladas al día, con estas tasas, pepenador se ha vuelto una economía informal fuerte y poderosa que ayuda a la población más desafortunada a tener una oportunidad de trabajo.

 

De las tonelada de basura que se clasifican diariamente, papel, metal plástico, vidrio e inclusive comida, son separadas y vendidas para ser reprocesadas — comúnmente de manera ilegal y sin ningún apoyo gubernamental.

 

Este sistema ha traído beneficios económicos al gobierno y a la infraestructura, pero por otro lado, ha traído serios problemas sociales y daño ambiental. Existen más de 15 000 pepenadores en la Ciudad de México, el Bordo Poniente es hogar de más de 1500 familias de pepenadores que viven ahí hasta el año 2011 y que hoy todavía representan un problema ambiental nacional porque se ha excedido su capacidad y tiene un manejo sin control .

 

Muchas propuestas, demandas y acuerdos, han sido presentadas y promovidas para regenerar y transformar este basurero en un activo productivo.

 

Durante su vida, las emisiones de los basureros han alcanzado 1.5 millones de toneladas de metano que han sido liberadas a la atmosfera cada año. Cuando el Bordo Poniente fue cerrado, el gobierno se comprometió a construir una planta de energía que estaba planeada para generar (más de 250 GW/H) de las emisiones del metano del basurero (Navarro, 2012). Esta estrategia puede ser una solución ambiental, pero es importante mencionar que la planta generadora de energía será financiada por dinero extranjero que tendrán la concesión de usar la basura de la Ciudad de México como combustible para crear energía y ganancias por los próximos 25 años. Esto no trae ningún beneficio social o económico al país; sin embargo, priva a los mexicanos de sus propios recursos.

 

Desde su cierre 800 familias pepenadoras han sido desalojadas del basurero, dejándolos marginados sin oportunidades económicas, forzándolos a vivir en las calles yendo recorriendo basureros.

 

Esta situación vuelve al individuo de ser una parte esencial para el manejo de basura, a ser transformado en una labilidad para el gobierno y la sociedad, jugando exactamente el rol opuesto de lo que representaba anteriormente.

 

Pero los pepenadores son resilentes. Ellos saben cómo sobrevivir en una realidad de escasez de recursos; ellos saben cómo hacer una vida a través del desecho. Son una parte de un sistema de manejo de desechos informal que debe de ser analizado, reconocido e involucrado en las practicas de manejo de desechos. Nosotros debemos cambiar nuestra relación con la basura y comenzar a valorar la basura, y más importante, aprender de aquellos que siempre vieron la relevancia de hacer que los extremos se encuentren

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